29 de abril de 2026
El mercado inmobiliario mendocino atraviesa un ciclo de reconfiguración donde la brecha entre comprar en pozo y adquirir una unidad terminada se ha vuelto una métrica esencial para el inversor. Históricamente, entrar en etapas de preventa garantiza una valorización de hasta el 25%, pero la realidad actual de los costos de construcción ha ajustado estos márgenes. Hoy el beneficio de comprar antes del punto inicial no solo reside en el precio final, sino en la capacidad de capturar la valorización de la zona durante los 24 a 36 meses que dura el proceso de obra.
En zonas consolidadas como la Quinta Sección o Chacras de Coria, la brecha tiende a ser más estrecha, oscilando entre un 12% y un 15%. En estos sectores, la escasez de suelo y la alta demanda de propiedades de categoría actúan como un ancla para los valores, haciendo que los precios de pozo se mantengan cercanos a los de las unidades a estrenar. El atractivo aquí es el resguardo de capital en activos de alta gama que incorporan estándares modernos de eficiencia energética y diseño, superando tecnológicamente a la oferta actual existente.
Por el contrario, los nuevos polos de desarrollo en departamentos como Guaymallén y Maipú presentan oportunidades de capitalización más agresivas, con diferencias que pueden superar el 20%. Al ser áreas en plena transformación urbana, el comprador de pozo se beneficia no solo de la evolución del costo de obra, sino de la mejora del entorno. La aparición de centros de servicios, oficinas y nodos comerciales eleva el valor del inmueble terminado por encima del promedio del mercado, permitiendo una rentabilidad superior al momento de la posesión.
Actualmente, la clave de esta inversión en Mendoza radica en la ventaja competitiva de las nuevas especificaciones técnicas. Las unidades que se inician hoy ya contemplan infraestructura para movilidad eléctrica y espacios de coworking integrados, elementos que las propiedades terminadas hace pocos años no ofrecen. Entrar en pozo en este escenario permite acceder a un producto alineado con las demandas de habitabilidad de 2026, asegurando una mayor liquidez y mejores rendimientos por alquiler en el mediano plazo.